-que ya te botaron- me dijo
-no- le respondí, calmado- solo traje mis cosas.
- ah estas de vacaciones entonces- respondió irónico
-si- le dije. Y deje que se marchara, aunque en el fondo estaba muy asustado.
Entonces decidí, en la madrugada, mientras me aburría con aquella estúpida película, que mañana mismo me transformaría en un zángano y en un sinvergüenza y me dejaría morir de hambre; a no ser por la misericordia de mi madre y por la corajuda estoicidad de mi conchudez, y lograría por fin, a toda costa, terminar de escribir la novela infeliz que aun no había empezado. Y que era la única culpable de que a punto de cumplir veinticuatro años; aun tenía que depender de todos, menos de mi mismo. Gracias a dios, porque si así fuera ya estaría muerto, encarcelado o en cualquier otro lugar, menos en mi casa. Con mi papa, contaba para la pensión de la universidad, cosa que por lo demás yo no le guardaba ninguna esperanza a futuro. Pobre mi padre, quizá aceptase mi propuesta, pero estaba él tan jodido como yo, que era suicida pensar que alguien podría depender de él. De todos modos seguir con la tontería de la universidad era una condescendencia, con la buena voluntad de mi madre y con su misericordia infinita, ya que no me dejaría morir de hambre, porque ella soñaba con que yo terminase con un título universitario, antes de morirse, y porque además, para mí no era gran cosa aprobar las materias; solo era cuestión de perder el tiempo en hacer los trabajos y estudiar un poco para los exámenes, y ya. No era cuestión de ser el primero ni nada. Y así dejaba de ser un poco menos sinvergüenza y alimentaba la misericordia de mi madre para que no me dejara morir; de hambre, claro.
pero decía de Alicia, con ella empezó todo, y decía que siempre era una opción, aunque me fui dando cuenta, en las últimas horas en que estuvimos juntos que ella ya presentía de que yo iba, o pretendía ser una feliz carga para ella; bueno feliz yo, o para mí, no para ella; o bueno era lo que yo presentía porque antes de que se marchara y subiera al ómnibus de regreso a lima, se negó a comprarme una botella de agua, se hizo la que no me escucho; estoy seguro, porque yo se lo dije muy claro. Pero en fin eso ya me daba la idea de cómo sería nuestra relación. Si se daba el caso y como tendría que manejarme yo, a futuro; obviamente con mas delicadeza si pretendía hacerme el mantenido, pero solo hasta terminar esa bendita novela, después no se qué pasaría, solo quería la oportunidad de escribir sin tener que pensar que comer cada día, para seguir viviendo y terminar esta maldita novela; después, no sé, que venga el infierno, yo estaría feliz.
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Por ese entonces deje la universidad y termine en el servicio militar, sin entender el porqué, ni yo mismo. Solo recuerdo que un buen día fuimos a ver unas ruinas a las afueras de la ciudad y en el lugar había unos muchachitos vestidos con el uniforme militar; sudorosos y altaneros, y alguien por ahí reconoció en uno de ellos, a un chico otrora juerguero y feliz. Y ahora allí, entre militares. Y aquel o aquella persona lo decía con tal grado de admiración y sorpresa, que yo sentía envidia por aquel desdichado soldadito, quise de alguna forma; aunque no pensé en ese momento si algún día lo haría realidad, ser aquel muchacho sudoroso y desgraciado al que todos admiraban o sentían conmiseración.
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Sucedió entonces que en una de las vacaciones de aquel año me puse a trabajar con mi madre, que por esos días compraba las cosechas de sandía a los agricultores de la zona, para venderlos luego en el mercado de la capital, era un buen negocio. Pero trabajaba con un socio, que se llevaba la mayor parte; un tipo ambicioso y completamente descarado, vivo para los negocios y el comercio; un infeliz, un crápula, por cierto.
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