A veces despertaba llorando en las tardes solitarias en la casa de su madre; o entre las altas y fantasmales paredes de adobe y quincha de la casa en la playa. Allí era peor. A sus 25 años Román no había conseguido nada. Aquella tarde habrían de ser las tres o las cuatro menos de las seis, se había dormido para despistar el hambre. ¿Qué lo deprimía tanto? ¿Qué lo sujetaba a esa desolación suicida? Volvió a abrir los ojos aun sin mover un musculo del cuerpo, se mantuvo quieto en la cama. Quien lo viera pensaría que estaba totalmente aterrorizado. Unas lágrimas fluyeron de prisa hacia sus mejillas, aun así no se movió. En la penumbra poco a poco se dejaban vislumbrar los objetos de la habitación. Sobre su cara colgaba un cordel de nailon grueso que llegaba hasta la puerta del tragaluz del techo, la madera estaba corrida por el salitre y se filtraban pequeñas ráfagas de la luz del atardecer. El estaba semidesnudo, solo en calzoncillos, se animo a girar la cara y sintió el frio de la habitación en su rostro humedecido por las lágrimas. Al lado de si había otra cama más grande, él había dormido en la pequeña, de alguna forma creía así sentirse menos solitario, aquella cama se veía desnuda, tenía con un colchón y una sábana sucia completamente desordenada, había dos roperos, una con un espejo grande que lo reflejaba bastante delgado y sumergido en la semioscuridad. Otra vez sintió recorrer las lagrimas por su mejilla, esta vez con un dolor seco en lo profundo de su garganta que lo asusto.
Leito
sábado, 7 de mayo de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
Equinoccio de Primavera
A veces en las madrugadas despertaba llorando de rabia, y decía; quiero estudiar, quiero estudiar, quiero estudiar...recuerdo que una vez lo hizo frente a su madre en la cocina, frente a la tasa humeante de te. Y ella no lo entendió
Hoy recuerda a Malandro y se asusta. Cuando lo conoció se entero que tenia 37 años; era flaco, debilucho, enjuto y encorvado, y pensó que la fuerza increíble que le hacia soportar las infernales jornadas de trabajo en la granja, le salía del espíritu, de la desesperación de sus últimos años de juventud. Caminaba, hablaba y se manejaba como un tipo insolente, desvergonzado y gruñón. No parecía tener esa edad, era más bien un chiquillo avejentado. Casi como el. Como Rodrigo. Que estaba a punto de cumplir 25 años, y seguía pareciendo de dieciséis. Le asustaba la idea de dejar la universidad, e internarse en la granja. De apostar todo a la nada; otra vez. Y de algún día tener la misma mirada cargada de odio y resentimiento de Malandro ¡me desprecio soy un cobarde! Se decía para si mismo, a veces en silencio. Mientras quienes ya lo conocían; pensaban que estaba medio loco porque siempre andaba murmurando algo; bajito y con la mirada perdida en otro mundo.
No soportaba la idea de abandonar lo seguro, y esa misma seguridad que le daba saberse estudiante universitario, le hacia sentirse despreciable; por no ser capaz de perseguir el sueño infame de toda su vida; que no le había sido fácil, ni le era nada fácil.
“Soy un engreído que aun quiere seguir observando con desprecio; desde la baranda del segundo piso de mi universidad privada de provincia; Desde mi cómoda carpeta de estudiante de Sexto ciclo de derecho, a los chicos nuevos, menores que yo; ingenuos y tontos reguetoneros... Pero no soy capaz de soportar la idea de ser Malandro.”
Escribió aquel día en el cuaderno azul que siempre llevaba consigo.
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miércoles, 2 de marzo de 2011
El Olor de la Madera
Alicia siempre era una opción; después de todo, en el comercial de la tele a cada rato salía que el tiempo vale más que el dinero y aun que parezca banal, era muy cierto. Mientras trasnochaba ayer pegado a la pantalla de la tele, decidí hacerle caso al destino, a mi destino supuesto, y jugármela entero, después de todo de mi casa no me iban a echar y tampoco dejarían que me muera de hambre; Hablo de mi madre y mis hermanos, porque de alguna forma ya me conocen y nadie se sorprendió cuando llegué ese lunes al mediodía cargando todas mis cosas en cajas y bolsas de plástico, y de alguna forma entendí, la tranquilidad con que mi hermano me recibió al verme, otrora tan drástico e implacable; él, con las tonterías de uno.
-que ya te botaron- me dijo
-no- le respondí, calmado- solo traje mis cosas.
- ah estas de vacaciones entonces- respondió irónico
-si- le dije. Y deje que se marchara, aunque en el fondo estaba muy asustado.
Entonces decidí, en la madrugada, mientras me aburría con aquella estúpida película, que mañana mismo me transformaría en un zángano y en un sinvergüenza y me dejaría morir de hambre; a no ser por la misericordia de mi madre y por la corajuda estoicidad de mi conchudez, y lograría por fin, a toda costa, terminar de escribir la novela infeliz que aun no había empezado. Y que era la única culpable de que a punto de cumplir veinticuatro años; aun tenía que depender de todos, menos de mi mismo. Gracias a dios, porque si así fuera ya estaría muerto, encarcelado o en cualquier otro lugar, menos en mi casa. Con mi papa, contaba para la pensión de la universidad, cosa que por lo demás yo no le guardaba ninguna esperanza a futuro. Pobre mi padre, quizá aceptase mi propuesta, pero estaba él tan jodido como yo, que era suicida pensar que alguien podría depender de él. De todos modos seguir con la tontería de la universidad era una condescendencia, con la buena voluntad de mi madre y con su misericordia infinita, ya que no me dejaría morir de hambre, porque ella soñaba con que yo terminase con un título universitario, antes de morirse, y porque además, para mí no era gran cosa aprobar las materias; solo era cuestión de perder el tiempo en hacer los trabajos y estudiar un poco para los exámenes, y ya. No era cuestión de ser el primero ni nada. Y así dejaba de ser un poco menos sinvergüenza y alimentaba la misericordia de mi madre para que no me dejara morir; de hambre, claro.
pero decía de Alicia, con ella empezó todo, y decía que siempre era una opción, aunque me fui dando cuenta, en las últimas horas en que estuvimos juntos que ella ya presentía de que yo iba, o pretendía ser una feliz carga para ella; bueno feliz yo, o para mí, no para ella; o bueno era lo que yo presentía porque antes de que se marchara y subiera al ómnibus de regreso a lima, se negó a comprarme una botella de agua, se hizo la que no me escucho; estoy seguro, porque yo se lo dije muy claro. Pero en fin eso ya me daba la idea de cómo sería nuestra relación. Si se daba el caso y como tendría que manejarme yo, a futuro; obviamente con mas delicadeza si pretendía hacerme el mantenido, pero solo hasta terminar esa bendita novela, después no se qué pasaría, solo quería la oportunidad de escribir sin tener que pensar que comer cada día, para seguir viviendo y terminar esta maldita novela; después, no sé, que venga el infierno, yo estaría feliz.
------------------------Yo que podría decir cuando termine esta supuesta novela. Que hice algo, pero que nunca termine nada, siempre creí que algo me faltaba, algo pequeño, algo ínfimo, algo insignificante; entonces iba a buscarlo, salía en su búsqueda, pero pasado un tiempo en el proyecto, o en el camino, o en el proceso de búsqueda, caía en la cuenta de que no tenía sentido, de que aquello no era lo que estaba buscando; que no iba a ser la solución, que quizá sería otra cosa pero no precisamente lo que estaba haciendo. Entonces recuerdo que cuando era chico, pongámosle doce o trece años; un púber, creía que la solución a mi vida seria tener una novia, o ser más alto, o ser más guapo. O a lo mejor ya pensaba que necesariamente tenía que ser en sentido inverso; primero más guapo, luego más alto, porque siempre fui y aun soy, de los más bajos de mi aula; y luego tendría novia. Lo que no estoy seguro, es si a esa edad, ya me daba cuenta como ahora de lo pragmático y material que es el mundo; y de la división de clases sociales, y de las ambiciones ilusas, y de las utopías y de las fantasías irrealizables. Yo creo que no, para ese tiempo aun no caía en la cuenta de lo pobre que éramos en casa; con ocho hermanos, y mi papá alcohólico, desde siempre. y mi madre, que a veces, yo pienso en ella, ahora, y no sé explicarme como no se volvió loca desde el inicio; con tanta violencia, con tanto maltrato, con tanta necesidad, con tanta miseria. Pero en fin, ya en la universidad, la vez primera, a los diecinueve o veinte, me enamore perdidamente de Fabiola. Pero ella era la más linda del salón; y yo no era precisamente ni el más guapo, ni el más listo, ni el más inteligente, ni mucho menos el más alto. Creo, o estoy seguro ahora, que fue por eso que salí huyendo de la universidad. Claro que esa no era la razón que yo esgrimía siempre que me preguntaban de ese tema, a quien le interesase saberlo, por curiosidad o por lo que sea. Porque siempre les parecí a todos un muchacho raro, precisamente por las cosas que hacía o decía; que la mayoría de las veces no tenían lógica. Como cuando
Por ese entonces deje la universidad y termine en el servicio militar, sin entender el porqué, ni yo mismo. Solo recuerdo que un buen día fuimos a ver unas ruinas a las afueras de la ciudad y en el lugar había unos muchachitos vestidos con el uniforme militar; sudorosos y altaneros, y alguien por ahí reconoció en uno de ellos, a un chico otrora juerguero y feliz. Y ahora allí, entre militares. Y aquel o aquella persona lo decía con tal grado de admiración y sorpresa, que yo sentía envidia por aquel desdichado soldadito, quise de alguna forma; aunque no pensé en ese momento si algún día lo haría realidad, ser aquel muchacho sudoroso y desgraciado al que todos admiraban o sentían conmiseración.
Sucedió entonces que en una de las vacaciones de aquel año me puse a trabajar con mi madre, que por esos días compraba las cosechas de sandía a los agricultores de la zona, para venderlos luego en el mercado de la capital, era un buen negocio. Pero trabajaba con un socio, que se llevaba la mayor parte; un tipo ambicioso y completamente descarado, vivo para los negocios y el comercio; un infeliz, un crápula, por cierto.
-que ya te botaron- me dijo
-no- le respondí, calmado- solo traje mis cosas.
- ah estas de vacaciones entonces- respondió irónico
-si- le dije. Y deje que se marchara, aunque en el fondo estaba muy asustado.
Entonces decidí, en la madrugada, mientras me aburría con aquella estúpida película, que mañana mismo me transformaría en un zángano y en un sinvergüenza y me dejaría morir de hambre; a no ser por la misericordia de mi madre y por la corajuda estoicidad de mi conchudez, y lograría por fin, a toda costa, terminar de escribir la novela infeliz que aun no había empezado. Y que era la única culpable de que a punto de cumplir veinticuatro años; aun tenía que depender de todos, menos de mi mismo. Gracias a dios, porque si así fuera ya estaría muerto, encarcelado o en cualquier otro lugar, menos en mi casa. Con mi papa, contaba para la pensión de la universidad, cosa que por lo demás yo no le guardaba ninguna esperanza a futuro. Pobre mi padre, quizá aceptase mi propuesta, pero estaba él tan jodido como yo, que era suicida pensar que alguien podría depender de él. De todos modos seguir con la tontería de la universidad era una condescendencia, con la buena voluntad de mi madre y con su misericordia infinita, ya que no me dejaría morir de hambre, porque ella soñaba con que yo terminase con un título universitario, antes de morirse, y porque además, para mí no era gran cosa aprobar las materias; solo era cuestión de perder el tiempo en hacer los trabajos y estudiar un poco para los exámenes, y ya. No era cuestión de ser el primero ni nada. Y así dejaba de ser un poco menos sinvergüenza y alimentaba la misericordia de mi madre para que no me dejara morir; de hambre, claro.
pero decía de Alicia, con ella empezó todo, y decía que siempre era una opción, aunque me fui dando cuenta, en las últimas horas en que estuvimos juntos que ella ya presentía de que yo iba, o pretendía ser una feliz carga para ella; bueno feliz yo, o para mí, no para ella; o bueno era lo que yo presentía porque antes de que se marchara y subiera al ómnibus de regreso a lima, se negó a comprarme una botella de agua, se hizo la que no me escucho; estoy seguro, porque yo se lo dije muy claro. Pero en fin eso ya me daba la idea de cómo sería nuestra relación. Si se daba el caso y como tendría que manejarme yo, a futuro; obviamente con mas delicadeza si pretendía hacerme el mantenido, pero solo hasta terminar esa bendita novela, después no se qué pasaría, solo quería la oportunidad de escribir sin tener que pensar que comer cada día, para seguir viviendo y terminar esta maldita novela; después, no sé, que venga el infierno, yo estaría feliz.
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Por ese entonces deje la universidad y termine en el servicio militar, sin entender el porqué, ni yo mismo. Solo recuerdo que un buen día fuimos a ver unas ruinas a las afueras de la ciudad y en el lugar había unos muchachitos vestidos con el uniforme militar; sudorosos y altaneros, y alguien por ahí reconoció en uno de ellos, a un chico otrora juerguero y feliz. Y ahora allí, entre militares. Y aquel o aquella persona lo decía con tal grado de admiración y sorpresa, que yo sentía envidia por aquel desdichado soldadito, quise de alguna forma; aunque no pensé en ese momento si algún día lo haría realidad, ser aquel muchacho sudoroso y desgraciado al que todos admiraban o sentían conmiseración.
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Sucedió entonces que en una de las vacaciones de aquel año me puse a trabajar con mi madre, que por esos días compraba las cosechas de sandía a los agricultores de la zona, para venderlos luego en el mercado de la capital, era un buen negocio. Pero trabajaba con un socio, que se llevaba la mayor parte; un tipo ambicioso y completamente descarado, vivo para los negocios y el comercio; un infeliz, un crápula, por cierto.
martes, 15 de febrero de 2011
lunes, 14 de febrero de 2011
San Valentin
Van a dar casi las 00:00 horas con 00.00 minutos y mientras muchos buscan desesperados un telo barato porque hoy es dia de san valentin, y porque la urgencia erotica-hormonal se abre paso cada ves mas imperiosa y nesecaria dejando tras de si un halo meloso y moribundo ya casi, agonizante de romanticismo, materializado en un peluche dulzon y lindo pero huachafo por peluche como peluche por huachafo; yo aca me aburro frente a la pantalla, mientras mi hermano se duerme frente a Rosa Maria palacios, que cree felizmente; que no todos sus televidentes son como mi hermano. y yo que tenia q escribir algo relacionado a la clase de hoy, pero imposible en mi pedirme que escriba algo que no sea de lo que en absoluto me venga en gana, y menos hoy que ando propenso a la pena melindrosa porque a algun cojudo se le ocurrio darle un dia especial al amor sin pensar en aquellos que viven sumergidos en el fangoso devenir diario del desamor puro y mortal
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